jueves, 1 de mayo de 2014

Milena y el mar...

Hacía muy poco que había cumplido los tres años, cuando sus padres llevaron a Milena conocer el mar. Aquello fue amor a primera vista!!! Toda esa cantidad de agua, las olas que iban y venían besando sus regordetes pies. La inmensidad pulida de la playa, la arena fínisima y suave...El sonido incansable del oleaje. Todo ello despertó en la pequeña un amor que siempre conservó en ella, por muchos años que pasaran.
Pero lo que más impacto le causó fue comprobar que toda aquella agua azul verdosa era tremendamente salada...fue lo único que no le gustó en medio de su encantamiento, sin embargo disfrutó muchisímo jugando, correteando, recogiendo conchas, haciendo montañitas y lagunas con la arena. Y así todo el día, hasta que se se puso el sol y se la llevaron de vuelta a casa. Esa noche se durmió con la sensación de estar aún en la playa y seguir escuchando el sonido de las olas. Y triste porque echaba de menos estar cerca del mar.
Y así pasaron varios días...Milena no dejaba de preguntar cuando irían otra vez a la playa..
Pero una noche cuando todos dormían, algo despertó a la pequeña, era su madre que había entrado en su habitación y después de dejar un envoltorio en su mesita de noche, salió intentando no hacer ruido.
Sin embargo estaba tan cansada que apenas pudo abrir los ojos y distinguir en la penumbra la silueta de su madre, y sin poder mantenerse despierta volvió a quedarse dormida.
A la mañana siguiente todo parecía normal,tenía muchas ganas de jugar pues hacía un día espléndido.
Su madre entró en la habitación sonriendo mientras le decía- Buenos días sirenita!!! has visto el regalo que te ha traido
Entonces recordó lo ocurrido la noche anterior y buscó con la mirada. Ahi estaba! Un paquetito envuelto en papel de seda verde. Se apresuró a abrirlo y con gran sorpresa vio que se trataba de una brillante caracola blanca nacarada.
Mientras la examinaba con curiosidad, su madre digo:
-Pontela en el oído...así...cómo si fuera un teléfono.
La niña obedeció y escuchó con atención; al cabo de unos instantes una sonrisa se dibujó en su carita.
-Mamá!!! es el mar...- exclamó feliz
Y así fue como cada vez que Milena sentía nostalgia de mar, cogía su caracola y escuchando el sonido de sus olas; viajaba con su pensamiento hasta sus arenas. Su corazón de sirena en tierra que amaba profundamente el mar y sus criaturas se fue formando poco a poco y así enseñó a sus hijos cuando se hizo mayor, porque jamás olvidó la gran emoción que sintió aquel día en que sus padres la llevaron a conocer el mar. Ya que si de algo estaba convencida Milena era de que los buenos momentos hay que compartirlos y transmitirlos para que no se extingan en el olvido.




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