martes, 17 de junio de 2014

Extraña fruta...un poema que ayudó a cambiar el mundo.

 Hace unos días me enviaron en un grupo de fotografías antiguas sobre sucesos ocurridos en los años en que los derechos civiles en Estados Unidos eran algo absolutamente inexistente para las personas de raza negra. Esta me produjo una horrible sensación de impotencia y de tristeza ante tantas injusticias y horrores que ha infligido la sociedad americana blanca a los desdichados que cayeron bajo su mal llamada "justicia" por ser de una raza diferente. La fotografía produce escalofríos, dos seres humanos ajusticiados no son nada agradable a la vista, pero lo que más me ha removido el alma es contemplar las caras de satisfacción de los que estuvieron involucrados en tal infamia. Y yo me pregunto...que clase de seres son esos que disfrutan con el sufrimiento extremo y asesinato de dos hombres??? que sociedad ha sido esta?...

 Extraña fruta...


"De los árboles del sur cuelga una fruta extraña. 
 Sangre en las hojas, y sangre en la raíz.
  Cuerpos negros balanceándose en la brisa sureña.
  Extraña fruta cuelga de los álamos
.Escena pastoral del valiente sur. 
 Los ojos saltones y la boca retorcida.
 Aroma de las magnolias, dulce y fresco.
  Y el repentino olor a carne quemada.
 Aquí está la fruta para que la arranquen los cuervos. 
 Para que la lluvia la tome, para que el viento la aspire, 
para que el sol la pudra, para que los árboles lo dejen caer.
 Esta es una extraña y amarga cosecha".

Este poema fue escrito por un blanco, por Abel Meeropol, un profesor judío, militante del partido comunista. Y que había sido criado en el Bronx ( Nueva York ) que utilizando el seudónimo de Lewis Allan, al quedar muy impresionado por la noticia del brutal linchamiento de Thomas Shipp y Abram Smith, en 1930 y cuya fotografía llegó a sus manos. Publicó en una revista local. Primero como "Amarga Fruta" y luego al escribir una melodía le llamó " Extraña fruta". Y así empezó su andar por el mundo esta canción que al principio fue interpretada por la misma esposa del autor en círculos de amigos. Hasta que la cantante Billie Holiday la grabó en 1939 y a pesar de ser una pieza de música muy poco común. Se acabó convirtiendo en un mito. 
Cabe decir que la misma Billie Holiday sufrió en sus propias carnes el racismo y el hecho de cantar algo tan profundamente triste, le producía un tremendo impacto.
Eran años terribles para los negros en Estados Unidos, y ser mujer, además de negra resultaba todavía peor.
Una frase dicha por ella en los últimos años de su vida ( murió de cirrosis a los 44 años) lleva
 implícita una desgarradora realidad.Cuando alguien el preguntó por su drama personal, adicción a la bebida y drogas ella respondió: - Si bien...sigo siendo negra...